domingo, febrero 28, 2010

Hay veces que me pregunto ¿qué es mejor agonizar por ver a alguien a quien amas y ya no siente lo mismo o agonizar por no poder ver a esa persona que tanto quieres?

Hay ciertas personas que son como las drogas. Te olvidas de que existen. Te vuelves a acordar. Harías cualquier cosa, por el simple placer de volver a verla. No necesitas hablar con ella, ni abrazarla, ni besarla, simplemente verla y te vas. Te crees que por haberla visto ya se te ha quitado el mono. Se te quita, pero al rato quieres volver a verla por que esta vez ya sí quieres hablarle. A la siguiente vez la adicción es mayor. Cada vez deseas más ese momento. Te pones nervioso. Haces cualquier cosa por verla. Te enfrentas a los tuyos por verla, compartir un ridículo espacio temporal. Te torturas. Te tiras de los pelos. Sueñas y te pasas de la raya. Olvidas todo aquello que tienes a tu alrededor por un simple minuto que deseas compartir con esa persona. Y cuando te quieres dar cuenta de lo patético que es tu comportamiento estás sólo. Ya nadie está allí. Nada hay que te pueda consolar. Sólo consigues caer más y más y más. Hasta que te hallas entre paredes negras con una jeringuilla en el brazo inyectándote el último suspiro de aire en las venas.

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